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Adán, la mano dura. Retomar el orden político y poner un alto ¿a Bartlett, a Gatell o a quién más?

2021-09-05 11:26:20 | El Pionero

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Su primera entrevista a medios de comunicación, ya anunciada su designación como nuevo secretario de Gobernación, se la concedió Adán Augusto López Hernández a Ciro Gómez Leyva, el conductor del programa noticioso de mayor audiencia de la radio en México. Para los que saben escuchar fue evidente que el funcionario público asestó a su antecesora el primer descontón de su recién inaugurado puesto. Pero ese fue un tenue golpe, nada parecido al calibre de los que se espera dará a partir de ahora.


    

Y es que el presidente Andrés Manuel López Obrador no es mano dura, al menos no en público. Su estrategia es destilar bonhomía: “mi fuerte no son las venganzas”, “no soy un autócrata”, se le escucha decir.

De leales y aduladores, el primer mandatario está rodeado y muy bien atendido en ese frente; ya lo he dicho antes y muchos analistas lo han destacado también. Pero, en cambio, nadie se ha percatado de un detalle: hasta ahora AMLO no ha tenido una persona en su gabinete ni en su grupo cercano que adopte la figura de duro —de cabrón, para decirlo coloquialmente—, y ese papel desempeñará López Hernández a partir de ahora.

El secretario escogió las palabras exactas para anunciar lo que el presidente le ha encomendado: “retomar el orden de la transformación”. Se avecina una época de endurecimiento del régimen, de la gestión, del trato. Noten y recuerden esto que les digo.

Los que creen que me equivoco, señalarán que el secretario Adán Augusto ya dijo que buscará a los dirigentes de todos los partidos políticos para un acercamiento. ¿Acaso no es eso lo que prometen siempre los funcionarios entrantes? ¿Una llamada equivale a apertura?

Aquellos que me leen y consideran que acierto, pensarán de inmediato en los críticos, en la oposición, en los alcaldes de la CDMX, en las distintas bancadas legislativas. ¿Qué ocurrirá con todos ellos?

Ya sé que mal de muchos es consuelo de tontos, pero igual hay que decirlo: el que ese otro tabasqueño haya llegado a meter orden ocurrirá tanto hacia afuera como hacia adentro de la Cuarta Transformación. Y en ese sentido, Adán Augusto actuará de diversas maneras, todas a solicitud de López Obrador, quien nunca se manchará las manos en público.

Así, ¿qué podemos esperar ocurra antes? ¿Un freno a Manuel Bartlett o un descalabro a Hugo López-Gatell? No pocos gritarán ¡vaya, finalmente! AMLO ya tiene ahora a quien les ponga un alto a ese par. Y, por si fuera poco, el mismo flamante secretario tuvo conflictos directamente con ellos antes. Seguro los anotó y lleva cuentas.

Al primero le había prometido demandarlo junto con la CFE por las inundaciones en su tierra, de la que es gobernador con licencia indefinida y que tuvo que apechugar. En el segundo caso, se sabe que Adán Augusto señaló los yerros del médico, su pésima conducción contra la pandemia y la alteración por parte de la subsecretaría de Salud de las cifras que la entidad le reportaba. El hoy secretario de Gobernación dijo lo siguiente literalmente hace unos meses: “ya no puedo con Gatell”.

¿Lo recordarán el director de la paraestatal y el zar anti covid? Quizá no, pero nosotros los columnistas sí y de seguro don Adán Augusto también.

Tal vez les convenga a dichos dos funcionarios preparar sus maletas. Digo, en caso de que el secretario de Gobernación inaugure el endurecimiento político asestándoles un tiro de gracia, lo cual para ser sincera me alegraría mucho.

Pero lo que a mí me preocupa no son esas y otras llamadas de atención que llegarán para los miembros de la 4T que hasta ahora no han querido atender y acatar los mandatos que emanan de Palacio...

Lo que a mí me estresa —me aterra es mejor término— es que el secretario de Gobernación sea el que implemente a la mala los deseos de López Obrador en todos los frentes y con no importa cuál actor, llegando a ser su operador en los temas en los cuales no le convenga al ejecutivo federal hacerlo de manera directa.

Adán deberá ser de esas tristes figuras en las cuales recae llevar a cabo las cosas complicadas, las difíciles, las que no pueden ni deben siquiera parecer que el presidente las conoce, y máxime en esta época donde las libertades se restringen todos los días. Mala cosa.

Por: Verónica Malo Guzmán/SDP

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