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El viento del tiempo se llevará el pesimismo

2021-05-16 19:49:25 | Carlos Gallegos

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Mientras en Europa y Asia tenían lugar las matanzas de la Segunda Guerra Mindial, en el Centro Sur de Chihuahua, en el histórico municipio de Rosales, se desarrollaba otra lucha, ésta sin rifles, cañones ni aviones asesinos.


    

Sólo con rudimentaria maquinaria, con trascabos mastodónticos, con barrenos de dinamita, dompes llevando y trayendo material de río, ingenieros con teodolito en mano, peones de brazo por miles, picos, palas, azadones, carpinteros, torneros, maistros  albañiles, contadores llevando las cuentas, veladores cuidando las uñas largas, cocinas al aire libre.

Es que estaban construyendo la presa Francisco I Madero, las Vírgenes, el futuro  oasis de aquellas secas latitudes, el gran proyecto acuícola que traería progreso, agricultura, verdor y vida a una extensa región que  veía pasar las aguas del Río San Pedro sin aprovechar su riqueza. 

Tiempos vendrían en que aquel esfuerzo colectivo liderado por los gobiernos emanados de la Revolución produjera cosechas de maíz, de algodón, de celeste trigo, de frijol, matas chicas, cacahuate y pastura para los establos  que empezarían a organizarse en lo que hoy es nuestra gran cuenca lechera.

Desde luego y de acuerdo a la siempre injusta ley de la vida, los beneficios de ese dique  formidable no serían equitativos, con manos voraces acaparando, con largos años de sequías, con brutales caídas del mercado, con los fieros coyotes usufructuando el sudor de miles, con el gobierno castigando con pesadas alcabalas, con plagas que en días acababan con las esperanzas y el sustento, con años de bonanza y de ruina.

Hasta llegar a lo que hemos llegado: la presa seca, el río también, los agricultores en el susirio, los estableros rematando sus vacas, el cielo azul sin una nube, el gobierno actuando como enemigo y no como aliado, menos como impulsor.

Pero días mejores llegarán. 

 El viento del tiempo se llevará el pesimismo y las Vírgenes recuperarán su majestad.

Estas fotos de las colecciones Longoria Gándara y Garcia Carrasco evocan a un grupo de obreros a punto de salir hacia la jornada diaria y al hospital del Campamento aledaño a la obra, donde vivían sus constructores.

¡Hay viene el agua!

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